#BionicManDiary entrada 006: Evgeny Chereshnev nos habla del Internet de las personas en la Campus Party de Brazil

Nuestro hombre biónico, Evgeny Chereshnev, nos habla sobre el biochip que tiene im-plantado en la mano y de cómo este le convierte en parte del Internet de las cosas.

Desde el origen del hombre, nuestra especie se ha caracterizado por ser soñadores en busca de respuestas a lo inexplicable. Con el paso del tiempo, el hombre ha seguido buscando estas respuestas en la alquimia, los rituales ancestrales y la fantasía, encontrándolas finalmente en la ciencia y la tecnología. Hoy en día, somos capaces de hacer una cantidad de cosas que hace una década eran inimaginables. Y esto es solo el principio. ¿Qué te parecería pagar la cuenta, abrir las puertas o intercambiar información con tan solo un movimiento de la mano? ¿Es magia o realidad?

La respuesta es: realidad; aunque es algo que, por el momento, solo pueden experimentar un pequeño grupo de aficionados. Con el auge del Internet de las cosas, cada persona que esté conectada podrá vivir experiencias místicas como las de los Jedis o los magos, y sentirse como en su propio cuento. En Kaspersky Lab sabemos bastante de este tema gracias a Evgeny “Che” Chereshnev, nuestro hombre biónico o ciborg.

Chereshnev lleva un biochip incrustado en la mano desde hace casi un año. Se decidió ha hacerlo, no solo por diversión, sino también por mejorar el mundo de la seguridad global. Che ha llevado a cabo un análisis detallado sobre lo que significa ser un ciborg desde diferentes puntos de vista, no solo desde el punto de vista de la seguridad. Hace una semana compartió sus observaciones con un grupo de estudiantes brasileños en la 9ª Campus Party de Brazil (un festival tecnológico).

Llevar un biochip puede ser muy útil: puedes abrir puertas sin necesidad de usar una llave o acceder a cierta información sin necesidad de almacenar claves u otra información pertinente, como, por ejemplo, la información médica, una gran ventaja.

Al tener un biochip implantado en el cuerpo, perteneces al Internet de las cosas, y viceversa, el Internet de las cosas te pertenece.

Además, cuando tienes un biochip implantado, también te vuelves extremadamente crítico si se trata de la calidad de las aplicaciones y los servicios que utilizas: los errores de código y los bugs son muy molestos y te dan muchos problemas. El caso es que, estos problemas técnicos ya no afectan solo a un dispositivo de los que utilizan; te impactan y afectan directamente ya que tú eres el chip. Tal vez si más personas experimentaran esta sensación, el código del Internet de las cosas estaría mejor definido.

Si decides llevar a cabo este experimento, tienes varias opciones. Por un lado, puedes acudir a un médico. Sin embargo, este es un proceso más largo, ya que los médicos tienen que tener en cuenta otros factores como los factores legales o el tema de los seguros. Asimismo, la instalación de este hardware es algo nuevo que puede plantear problemas éticos. Otra opción es la de recurrir a los tatuajes o piercings profesionales. En el caso de Che, solo tuvo que recurrir a un buen tatuador. Por 50 dólares y en un par de minutos, se convirtió en un ciborg con un chip biónico en la mano.

El chip que se implantó es un chipset RFID NTAG216. Sin embargo, Che no recomienda elegir ninguno de los chipsets actuales, ya que están a punto de lanzar unos de nueva generación. Así que, aunque quieras convertirte en un “ciborg” ahora mismo, piénsatelo dos veces antes de hacerlo. Actualizarse no es tan fácil como comprarse otro iPhone, sino que hay que extraer el chip antiguo para implantarse uno nuevo, por lo que se puede necesitar una cirugía menor.

Che define como “controvertida” su experiencia con los biochips de nueva generación. La principal preocupación es que una persona que tiene un biochip no sólo pertenece al Internet de las cosas, sino que esa persona se convierte, literalmente, en una “cosa”, hablando en términos del IoT, y se conecta a la red de la misma forma que el resto de los dispositivos inteligentes.

Esto nos lleva a otra cuestión candente…

Cada conexión genera unos datos: cuando estamos conectados, nuestras acciones en la red dicen mucho sobre nosotros y sobre cada paso que damos mientras estamos conectados.

Para que nuestros datos no se almacenen, podemos apagar nuestros ordenadores, deshacernos de nuestros smartphones, etc., pero en el caso de la tecnología de biochips, no es tan sencillo. Cuando una parte de tu cuerpo está conectada, te conviertes en una persona de interés, por lo que te interesa saber quién tiene tus datos. El problema está en que la respuesta a esta pregunta es: todo el mundo, menos tú.

El gobierno, las empresas de investigación, las redes sociales, los hackers, los expertos en marketing, los analistas del Big Data… todo el mundo tiene esta información, sin embargo, el que la genera no tiene el control sobre ella. Es como si volviéramos a estar en la Edad Media: están los monarcas, quienes almacenan y poseen toda la información; y luego, el pueblo llano (los internautas), privado de derechos en este sentido. Los monarcas deciden qué información almacenar y cómo usarla. Lo único que piden al usuario es que marque la X en la sección de Términos y condiciones.

Con un biochip en la mano, esto es un tema más preocupante, porque la información que puede transferirse y almacenarse es mucho más sensible, se trata de información que a nadie le gustaría que usaran otras empresas. Además, es un tema bastante alarmante, ya que alguien podría hacerse con el control de algo que está literalmente dentro de ti.

Esto está siempre presente en la mente de Che y en la de más de una docena de trabajadores de Kaspersky Lab. Se desarrollan constantemente nuevos casos de uso para el biochip, mientras se discuten los pros y los contras de tener uno implantado en el cuerpo. De esas conversaciones hemos sacado toda esta información que ahora compartimos contigo, ya que siempre es mejor estar preparado para este nuevo mundo.

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